El sistema de castas que ordenó la Nueva España durante casi tres siglos repartió a la población en hasta dieciséis categorías definidas por el origen, y en Aguascalientes esa clasificación no fue marginal: el padrón de Revillagigedo, levantado entre 1792 y 1793, registró 7,076 mulatos y otras castas en la Subdelegación, 28% de sus habitantes, según el estudio del historiador Víctor M. González Esparza publicado en la revista Relaciones.
El orden venía de la Conquista y colocaba en la cúspide a los peninsulares y luego a los criollos. Debajo, las mezclas de españoles, indígenas y africanos esclavizados recibían nombres que fijaban derechos y exclusiones, de acuerdo con el reportaje que El Sol del Centro publicó el 15 de septiembre de 2026. Ese trabajo describe el sistema como un intento por poner orden y jerarquía al mestizaje: definía el acceso a la educación, a los oficios, al sacerdocio y a los cargos públicos, y también la ropa que cada grupo vestía. Importa hoy porque la Independencia prometió desmantelar esa estructura y su desarme tomó generaciones.
La investigación de González Esparza se apoyó en 200 años de registros parroquiales de Aguascalientes, en la antigua Nueva Galicia, para medir los matrimonios entre personas de distinta calidad. En esa tierra adentro, la mezcla fue la norma más que la excepción. El hallazgo es una endogamia que se erosiona: las uniones mixtas ganan terreno y la adscripción de casta pierde rigidez sin desaparecer. La nomenclatura quedó documentada en cadenas como mestizo, castizo, mulato, morisco, zambo, lobo, albarazado, cambujo, torna atrás, tente en el aire y no te entiendo. Las pinturas de castas del siglo XVIII funcionaron como catálogo visual de esa jerarquía, con variaciones por región y por época.
La Independencia eliminó las castas del orden legal, pero el reportaje deja abierta una pregunta: si esas categorías se desvanecieron también en la vida cotidiana. El debate sigue vivo entre historiadores, y el estudio de González Esparza se puede consultar en acceso abierto en la revista Relaciones, donde el autor documenta dos siglos de uniones mixtas en la región.
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